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“Los temas peatonales y de bicicletas vuelven a la ciudad más humana”

Patricia Martínez – PÚBLICO
 
Guillermo Peñalosa pasa de una ciudad a otra para dar ideas sobre la promoción del uso de la bicicleta y la recuperación de espacios públicos. Es director ejecutivo de la organización Walk & Bike for Life. Trabajó en el sector público en Bogotá como comisionado de Parques, Deporte y Recreación cuando Antanas Mockus era el alcalde. Ahora es un estratega de marketing social que duerme en distintos países durante la semana. En la pantalla de su computadora portátil tiene la imagen de una constelación: sobre ella están enfilados los archivos con presentaciones en inglés y fotografías de las jóvenes ciclovías bogotanas hasta las clásicas holandesas. Hace una semana dialogó con servidores públicos y organismos civiles en un taller sobre movilidad no motorizada, y al final de su intervención fue optimista: “Las estrellas están alineadas”. Éstas son sus razones para pensar que en Guadalajara y la zona metropolitana las vías ciclistas son urgentes y posibles.

¿Por qué son importantes las vías ciclistas en una ciudad?

Así como los pájaros vuelan y los peces nadan, las personas caminan y montan en bici. La bicicleta sirve como medio de transporte, pero también como felicidad. Hoy vivimos en un espacio más globalizado y la gente está buscando que las ciudades sean más humanas, y parte de los temas peatonales y de bicicletas es que vuelven a la ciudad más humana. Cuando uno va en bici, todo es distinto. En auto, tu área de influencia es de cinco a quince kilómetros: vas al mercado y compras comida para dos o tres semanas; cuando andas en bici, tu área de influencia son dos o tres kilómetros y las compras son de dos o tres días; entonces también se fortalece la economía local. La bicicleta motiva un estilo de vida distinto.

Cuando se habla de vías ciclistas, la referencia son localidades europeas de Holanda, Dinamarca, Alemania. ¿Qué se puede aprender de ciudades desarrolladas?

Estas ciudades son importantísimas para Guadalajara por muchos sentidos. Primero, porque se volvieron ciclistas en los últimos 30 años, no nacieron ciclistas: fue a partir de la crisis energética en los años setenta; decidieron que no dependerían más de la energía del petróleo, y comenzaron a proveerse con energía solar y de viento y a usar las bicicletas. Menos de 10 por ciento de su población andaba en bici; ahora aumentó a 40 por ciento. El otro punto es porque la cicla es un símbolo de desarrollo: en muchos lugares la asocian como un símbolo de pobreza, pero en esos países el ingreso per cápita y el nivel educativo son superiores a Estados Unidos. También son ciudades con sistemas democráticos, pero han decidido armar sus sistemas de transporte alrededor del peatón, del ciclista y el transporte público. La bicicleta es un símbolo de desarrollo: las ciudades no pueden seguir girando en que la felicidad la da tener un auto privado.

El último punto es el clima: en esos países llueve tres veces más que en Guadalajara, además tienen invierno y nieve; sin embargo, son muy amigables al uso de la bici y a los peatones. Son países que pueden enseñar más que otros, pero no se trata de copiar, sino de adaptar.

En ese caso están las experiencias de países latinoamericanos, ¿Qué puede aprender Guadalajara de ellos? De Bogotá, por ejemplo.

Que es realizable, que no es un tema financiero ni técnico, es político.

¿Por qué político?

Porque se necesita la decisión política para que se haga. Para cualquier cambio se necesitan cinco elementos. Uno es el liderazgo: de los medios de comunicación, del sector académico o de los políticos, pero alguien que lidere. Dos, compromiso político: que los políticos tengan tripas, que sepan que el interés general priva sobre el particular y, aunque la gente proteste, deben escucharlos y tomar la decisión. Tres, gerencia en el sector público: se necesitan hacedores, gente que haga cosas y no que tenga 20 razones de por qué no se puede. Se tiene que pensar en soluciones a los problemas, no en problemas a las soluciones. Cuatro, participación ciudadana: que los ciudadanos participen y no sólo se quejen; hay que escribir a los periódicos, a los regidores, a los alcaldes, ir a las reuniones públicas… Cinco, sentido de urgencia: Guadalajara tiene ahora oportunidades como los Juegos Panamericanos; se pueden aunar esfuerzos para tener una ciudad con mejor calidad de vida y que la gente diga: ahí fue la transformación de la ciudad.

¿Es necesario legislar sobre la bici y considerarla como un vehículo?

Claro, hay que incluirlo en todo porque es una manera distinta de hacer algo. Alguien decía que la definición de locura es hacer las cosas de la misma manera una y otra vez y esperar resultados distintos. Por ejemplo, cuando aplican el examen para la licencia de conducir, al menos la tercera parte de las preguntas debería ser sobre la relación autos, peatones y ciclistas; Ciudad de México tiene como cuatro veces más índices de peatones heridos por autos que ciudades de Estados Unidos, diez veces más que las europeas y el doble de Bogotá. Con estas cifras la gente dirá: ‘Yo no uso la bici porque es peligroso’, pero me recuerda a la persona que fue a la casa y encontró que la esposa estaba con otro y entonces vendió el sofá. El problema no es el sofá: montar en bici no es peligroso, lo peligroso es que no hay condiciones seguras.

Usted acaba de participar en un taller sobre vías ciclistas en Guadalajara. ¿Qué opina de los planes y la participación de las instancias gubernamentales?

Se necesita involucrar a otros actores como los de salud pública y educación. Esto tiene que ser una coalición amplia, no sólo de los ciclistas actuales. Hay mucho interés de gente del estado, de municipios y sociedad civil. Es obvio que hay que pasar del decir al hacer.

Ahora que el tema de las vías ciclistas está en la agenda pública, ¿qué aconseja para Guadalajara y el área metropolitana?

Lo más importante es que debe haber principios claros. Primero, las ciclovías deben ser para todos, que no se construyan para los ciclistas actuales. Debe hacerse la prueba ácida, que consiste en mandar a un niño de ocho años y a la abuela a pedalear por la ciclovía; si pueden ir seguros, entonces sirve para todos. Segundo, establecer prioridades; y primero es el peatón, luego el ciclista, después el transporte público y por último el automóvil privado; la realidad es que todos somos peatones. Tercero, construir redes: hay que interconectar. Nadie utilizará las ciclovías si no conectan con nada. Cuarto, se necesita separación física entre ciclista, peatón y auto. Quinto, debe ser metropolitana; debe haber un plan maestro con estándares de calidad, parámetros y maneras de hacer ciclovías uniformes para toda el área metropolitana. Si tiene esos principios claros, todo se resuelve.

– Disparos
Sobre el diseño de las rutas ciclistas

Las ciclovías deben construirse para todos. Debe hacerse la prueba ácida: mandar a un niño de ocho años y a la abuela a pedalear; si van seguros, entonces sirven para todos


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