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Agua en norma no significa agua inocua

Vanesa Robles – PÚBLICO

Un estudio en la comunidad La Azucena, indica la presencia de cianuro, nitrógeno, fósforo, arsénico, cadmio, cobre, mercurio, níquel, zinc, plomo y cromo, en cantidades que se ajustan a la NOM-001-ECOL. Pero, al mismo tiempo los sobrepasan en forma inadmisible la NOM.

No es lo mismo agua “dentro de la norma oficial mexicana (NOM)” que agua inocua, señala el maestro en Toxicología del Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingenierías de la Universidad de Guadalajara, Miguel Madrigal Ortiz, quien lamenta que en México no existe un laboratorio que pueda analizar la toxicidad de los líquidos de los cuerpos naturales, como el río Santiago.

El especialista en sinergias (lo que resulta cuando se mezclan componentes orgánicos e incorgánicos) señaló que el agua de un río puede resultar venenosa incluso si cumple los parámetros. La norma vigente para analizar el río Santiago, por ejemplo, es la NOM-001-ECOL-1996, que se refiere al agua para riego —el parámetro más permisible—. Distintos monitoreos del torrente advierten sobre la presencia de metales pesados, pero otros indican que el agua está en lo permitido.

Por ejemplo, un estudio del Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco (CIATEJ), el 8 de febrero de 2008, en la comunidad La Azucena, indica la presencia de cianuro, nitrógeno, fósforo, arsénico, cadmio, cobre, mercurio, níquel, zinc, plomo y cromo, en cantidades que se ajustan a la NOM-001-ECOL. Pero, al mismo tiempo los resultados de los metales pesados sobrepasan en forma inadmisible la NOM que regula el agua para uso humano.

Ahí, en La Azucena, vivía Miguel Ángel López Rocha, el niño de ocho años de edad que acostumbraba jugar en las orillas del Santiago y murió, intoxicado por arsénico.

Se le mostraron los resultados del estudio a Madrigal, quien señaló que la presencia de metales, incluso en cantidades pequeñas, advierte sobre descarga de aguas industriales sin tratar: “Las pruebas físicoquímicas reflejan los elementos tóxicos, pero no la toxicidad, es decir, los efectos que pueden producir cuando se mezclan”.

Las pruebas de toxicidad se realizan introduciendo organismos vivos de laboratorio en diluciones de agua sucia con agua limpia. Cuando los organismos se mueren con cierta proporción de líquido contaminado, los científicos pueden conocer la proporción que mata al ser humano. Ésas son las pruebas que faltan en el río Santiago, consideró el académico.

Sugirió que, junto con el examen epidemiológico que las autoridades sanitarias hacen en El Salto y Juanacatlán, se realicen estudios al agua, plantas, suelo, rocas y animales de la zona, para conocer la dimensión real del problema y los daños en la salud humana.

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