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Agua pútrida va hacia más gente

Pobladores de El Salto y Juanacatlán temen entubamiento del río Santiago.


El tubo que desvía las aguas negras del arroyo El Ahogado, casi listo. Foto: Tonatiuh Figueroa

Vanesa Robles – PÚBLICO

En El Salto y Juanacatlán, las obras para cambiar de sitio la contaminación por aguas negras, domésticas e industriales, que arrastra el arroyo El Ahogado son sólo eso: obras para mover la contaminación a otro sitio.

El lugar elegido, sobre el cauce del río Santiago, fue conocido como el Niágara mexicano por su belleza, pero hace unos 30 años se convirtió en una pesadilla para los habitantes de la región, que se dicen víctimas de padecimientos largos y mortales.

A partir del próximo lunes, según el plazo de la Secretaría de Desarrollo Rural (Seder) del gobierno del estado, el agua cruda ya no desembocará a unos metros de la comunidad La Azucena, donde viven alrededor de cinco mil personas y donde en febrero un niño murió intoxicado por arsénico. Desde pasado mañana las aguas irán a la caída de agua El Salto de Juanacatlán, que divide a las cabeceras municipales de ambos municipios. Ahí habitan unas cien mil personas.

El pasado martes, el alcalde de El Salto, Joel González Díaz, lamentó que haya quedado apenas a 60 metros de la cascada la desembocadura del tubo de un poco más de tres kilómetros de longitud, que llevará al Santiago 800 litros de agua cruda por segundo. El alcalde calculó mal: en realidad, el tubo quedará a unos quince metros de la cascada e igual que en La Azucena, en el patio trasero de las viviendas de la calle La Luz.

Esa fue la respuesta de doce millones de pesos que dio el gobierno del estado ante las presiones por la muerte de Miguel Ángel López Rocha, de ocho años de edad, quien acostumbraba jugar en la orilla del río Santiago, justo en su entronque con el arroyo El Ahogado.

La respuesta no convence a los habitantes de El Salto y Juanacatlán, quienes se organizaron para hablar del tema en asambleas y desde febrero exigen un diálogo con el gobernador Emilio González Márquez, quien no ha atendido la solicitud.

En opinión de los grupos organizados de El Salto y el alcalde, Joel González Díaz, las acciones del gobierno del estado son erráticas y no se ajustan a las propuestas ciudadanas que han surgido de las asambleas. Incluso, algunos trabajadores de la constructora Construcarr que realiza el entubamiento desconfían de la utilidad de las faenas.

En el caso de que todas las aguas crudas que se desechan a El Ahogado —una afluente del Santiago— quedaran encerradas en los tubos de la Seder, el problema sería para los cien mil habitantes de las cabeceras municipales de El Salto y Juanacatlán, incluidos los niños de la primaria Mártires del Río Blanco, quienes tendrán que respirar más al rojo vivo que nunca los olores pútridos esparcidos en el ambiente por la cascada, así como para quienes viven en Puente Grande, la población más cercana al Santiago después de El Salto.

Pero el problema es mayor: aguas arriba de El Ahogado hay decenas de drenajes industriales clandestinos que no fueron entubados y seguirán corriendo en el arroyo, junto con el agua de las lluvias. Más simple: ayer los trabajadores de la constructora se afanaban sin mucho éxito en la búsqueda de los colectores de La Azucena para conectarlos al gran túnel de tres kilómetros. Otros trabajaban a marchas forzadas a unos metros de la cascada, donde una excavadora abrió una zanja que huele a muerte.

“Yo dudo que esto sirva de algo”, confesó uno de los obreros de la construcción más viejos en la obra. “Hace un año metimos tubos del doble de anchura aguas arriba, que sirvieron para pura madre cuando se vino la primera lluvia y causaron inundaciones, imagínese aquí, con este tubito…”, dijo, sacudiendo la cabeza. “Lo que no puedo creer es que el gobierno no haga nada para prohibir la venta de casas en La Azucena. Al rato van a estar inundadas”.

El martes, el alcalde Joel González lamentó que la Seder se haya olvidado de conectar dos desagües pluviales y el drenaje del Rastro Municipal.

La señora Yadira, de la calle La Luz, en El Salto, huele mejor la dimensión del problema: el tubo de aguas negras, desechos fecales e industriales sin tratamiento alguno, desembocará en el río Santiago justo enfrente de su casa. Si antes luchaba contra los enjambres de zancudos y se mareaba con el olor del ácido sulfhídrico que despide el río, ahora su vida será como un infierno mayor, casi como vivir dentro del torrente. “¿Y qué hacemos? Aquí tenemos nuestra casa que hicimos con muchos sacrificios. El agua nos la movieron ya aquí. Pero, ¿y nosotros? ¿A dónde nos movemos?”.

Van por Los Laureles

Si las autoridades no cierran el vertedero de basura Los Laureles, los habitantes de El Salto y Juanacatlán lo harán, advierten. La fecha límite: el 14 de julio de 2008, dentro de dos meses. Esa fue una de las conclusiones a las que llegó, el pasado martes por la noche, una multitud de habitantes de ambos municipios, que se reunieron en la Plaza Juárez de El Salto.

Las razones de los inconformes para la medida son dos: asentado sobre el municipio de Tonalá, sobre un terrero de Guadalajara, Los Laureles abona la fetidez y fauna nociva al municipio de El Salto, del que se encuentra a un kilómetro de distancia y que de por sí ya hiede por el paso del río Santiago. A eso se suma que varios pequeños canales de lixiviados (los líquidos que se forman con la fermentación de la basura) van a dar al río, según constató Público y ha documentado la Comisión Estatal del Agua.

La advertencia de los habitantes de El Salto y Juanacatlán la presenció y la firmó el responsable de la Procuraduría Estatal de Protección al Ambiente (Proepa), Fernando Montes de Oca, quien se comprometió a pasársela al gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez

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