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Atenquique dejó una huella de destrucción no superada


La biodiversidad de los bosques mesófilos se ve amenazada por la explotación irregular. Foto:Foto: Giorgio Viera

Agustín del Castillo – PÚBLICO

Es un tema no superado para la sociedad del sur de Jalisco, pero los hechos son irrebatibles: la presencia por medio siglo (1943-1993) de la Compañía Industrial Atenquique, como explotador exclusivo de los bosques de la región, es la causa de la degradación severa de los ecosistemas no sólo en el complejo volcánico de Colima, sino en las sierras adyacentes de El Tigre, del Halo y de Tapalpa.

A esta herencia ambiental desastrosa se añade el freno a la creación de una verdadera cultura forestal: los propietarios y ejidos se volvieron rentistas; los caciques acapararon los tratos con la empresa y luego, al terminar la vigencia del decreto, abrieron sus propios aserraderos bajo los mismos esquemas. Ni el parque nacional fue respetado: a pretexto de los “saneamientos”, fue devastado para entregar materia prima a la factoría, que, al ser privatizada a fines de los años ochenta, realizó una última devastación para recuperar la inversión.

“No creo yo que haya un solo aprovechamiento maderero ejemplar en estas montañas”, sostiene, pesimista, el geógrafo Armando Chávez Hernández, de la UdeG.

“Atenquique llega a explotar el oyamel para la fabricación de papel, y otras especies maderables como el pino, que básicamente ya se lo acabaron [en el Nevado]; sucede una cosa curiosa con el decreto de 1936, queda ahí dentro de la euforia cardenista de áreas protegidas, y un mes antes de que Cárdenas terminara su gestión presidencial se hace la modificación del decreto”.

Bosques mesófilos en México


—¿Todo esto pensado para la fábrica?

—Sí, los hermanos del presidente Cárdenas tenían tratos con Arnoldo Anís, fundador de la asociación forestal del sur de Jalisco, y por ese conducto fue que impulsaron el cambio del decreto […] él era traficante de alcohol, por eso Cárdenas no lo quería, y durante mucho tiempo estuvo pugnando por explotar los bosques, pero se lo impedía el decreto, hasta 1941, en que se funda la Compañía Industrial de Atenquique; en los años sesenta se da el famoso cambio tecnológico y entonces sí meten maquinaria, malacates y demás, y esto intensifica la corta.

—O sea, nada de silvicultura.

—Nunca ha habido una silvicultura; había bosques muy ricos y muy densos y entonces decían “no nos los acabamos”, y ya cuando vieron que había daños, sobre todo en las áreas más visibles, le metieron reforestaciones […] pero no había un programa en serio.

—¿El impacto histórico de Atenquique sigue pesando a la montaña?

—Sí, en general, en los sitios donde hemos estado dándole la vuelta a las diferentes áreas, la regeneración natural es muy pobre, sólo hay sitios contados donde se ve la regeneración de oyamel, pero los rodales puros de pino no existen, la corta selectiva favoreció que ahora se vean masas de encinos. Es un área de evolución muy reciente, o sea, es muy joven […] como hay un volcán activo las cenizas están cayendo continuamente, entonces el suelo está interrumpiendo su evolución, y es material que con las lluvias y las fuertes pendientes se propaga.

—Además de explotar los bosques, ¿se dejaron llevar por una falsa idea de cómo era realmente el ecosistema?

—Sí, porque eran bosques grandes y densos pero con un sustrato muy inestable que, al erradicarlo, para que se recupere es muy difícil, por lo menos en términos de historia humana.

—¿Entonces es tremenda la deforestación histórica?

—Sí, los pinos llegaban más debajo de El Fresnito y todo eso se explotó, todavía hasta mediados de los ochenta, cuando Atenquique se vende al Grupo Industrial Durango, y como se les iba a acabar la concesión en 1992, tenían que rentabilizar la inversión […] se termina la concesión, y alrededor del complejo empiezan a salir aserraderos como hongos, de dónde, pues de que cada ejidatario o propietario decide ya venderle al primer postor. Ya que se libera, entonces entran muchos a jugar el juego, y los que controlan ahorita todo esto son los prestadores de servicios forestales.

A juicio del investigador, en términos forestales, la región sigue siendo “tierra de nadie”.

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