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Cierran pozos geotérmicos en La Primavera

Semarnat autorizó los trabajos sin MIA


En La Primavera, en el predio Cerritos Colorados, la paraestatal arguye “razones de seguridad” para clausurar dos de doce pozos con que pretendió hace más de 20 años aprovechar la caldera volcánica

Agustín del Castillo – Público

La Comisión Federal de Electricidad (CFE) realiza actualmente el cierre de dos pozos geotérmicos de los doce abiertos en 1988 en la zona de Cerritos Colorados, al interior del área de protección de flora y fauna La Primavera.

Oficialmente, “…el cierre de los pozos PR-9 y PR-12 se propone como medida de seguridad y preventiva debido a que después de 20 años de instalados, se desconoce si la resistencia de las tuberías ha disminuido y pueda presentarse alguna manifestación sustancial de fluido en las instalaciones superficiales, en el contrapozo o en el área de la plataforma”.

Esto lo señala el oficio SGPA/DGIRA/DG/1654/07, con el cual, la Dirección general de impacto y riesgo ambiental de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) emitió su autorización para las obras, en el sentido de que éstas no requirieron manifestación de impacto ambiental (MIA) porque no implicaban cambios de uso de suelo o actividades extraordinarias que pudieran derivar en perjuicio de los ecosistemas (documento fechado el 24 de agosto de 2007).

Las obras fueron avisadas a la dirección ejecutiva del bosque La Primavera el pasado 8 de enero de 2008 por la propia CFE; en dicha notificación, la paraestatal reitera que no habrá daños al ambiente. Los trabajos se han realizado a partir de esa fecha, y ayer estaban en ejecución por obreros contratados para tal fin, según comprobó este diario al recorrer el área.

Los cierres de estos primeros dos pozos se darán poco más de año y medio después de que la propia Semarnat se negó a autorizar el aprovechamiento geotérmico de la CFE, pues no había claridad sobre el daño que generaría el proyecto presentado a la principal reserva protegida de la región metropolitana de Guadalajara (Público, 1 y 2 de agosto de 2006).

La exploración comenzó en realidad desde los años ochenta del siglo XX, sin permisos de ninguna índole, lo cual derivó en importantes daños a los ecosistemas. La enconada oposición de científicos y ecologistas de la ciudad llevó a la clausura del proyecto en 1990.

Según el oficio de la Semarnat que avala el cierre de los pozos, las obras consisten en lo siguiente:

Primera fase, instalación de un equipo de seguridad: tubería de descarga de 254 milímetros de diámetro en los pozos (PR-9 y PR-12), “silenciador ecológico”, dos líneas de tubería de 50.8 mm al silenciador; “acondicionar el vertedor y toma de agua del cárcamo de residuos”; instalar cerca de 1,500 metros de tubería de polipropileno “desde el cárcamo del pozo PR-9 por toda la orilla del camino, hasta el pozo inyector PR-2”; mientras “para el pozo PR-12 hacia la caja rompedora se instalarían 790 metros de tubería”, estas labores se llevarían 21 días.

La segunda fase es el enfriamiento de los pozos. “Se inyecta agua al pozo a través de una bomba para alta presión iniciando con bajo gasto que se incrementa de acuerdo con la reacción del pozo hasta que la presión disminuye a cero kilogramos por centímetros cuadrado”. Para lograrlo se requerirá de 600 mil litros de agua abastecidas desde cuatro presas metálicas cercanas.

La tercera etapa es el “cierre o taponamiento de los pozos geotérmicos”, que consiste en colocar “uno o varios tapones de cemento dependiendo de las características mecánicas y termodinámicas de los pozos”, proceso que requiere de 56 días para completarse.

Estas obras y actividades “no requiere ocupar superficies adicionales a las que son ocupadas actualmente por las plataformas de los pozos […] no se afectará vegetación circundante, no se requieren caminos de acceso, no se producirán aguas residuales, el ruido atmosférico no rebasará los límites establecidos en las normas aplicables, las emisiones a la atmósfera serán únicamente las generados [sic] por motores de combustión interna de reparación de 500 HP de forma temporal, y los residuos domésticos y peligrosos serán manejados como lo establece la normatividad ambiental aplicable”. Por eso son eximidos de la MIA.

Según el texto del Programa de operación y manejo de La Primavera, en vigor desde 2001, el área en cuestión “abarca un total de 448.9 hectáreas, comprendida por la zona conocida como Cerritos Colorados, donde la CFE pretende realizar una explotación geotérmica, la cual deberá tener un manejo especial en el caso de que exista la autorización de las autoridades competentes. Así como aquellos sitios, en los cuales después de los estudios de exploración se haya identificado la presencia de recursos minerales y que haya cumplido con todos los requerimientos de ley para dicho aprovechamiento, determinada en la concesión que se expida”

Agrega el documento: “el manejo inapropiado de esta zona ha provocado pérdida de la cobertura vegetal y degradación de suelos, por lo que es urgente un plan de manejo adecuado para esta zona en particular”.

La caldera de El Colli, “área peligrosa”

Lo caótico de Guadalajara “contrasta con el paisaje del bosque La Primavera, que tiene mucha vegetación, ríos y afloramientos de obsidiana de excelente calidad. Pero la tranquilidad del bosque esconde la caldera de El Colli, una formación volcánica que puede resultar muy peligrosa debido a la falta de supervisión de parte de los geólogos”, explicó el especialista Phil Weigand, primer conferencista del Tercer Encuentro de Especialistas de la Región Norte de Jalisco y Sur de Zacatecas, realizado la semana pasada.

Weigand ofreció una ponencia acerca de esta zona volcánica; “la falta de una vigilancia hace que no se sepa con certeza si un día hará explosión o no”, señala, según un comunicado enviado por el Centro Universitario del Norte, de la UdeG, con sede en Colotlán.

“La caldera definió el perfil del suelo y fuentes de agua en la superficie de la zona donde se ubica Guadalajara, pero también la región de los valles y el norte de Jalisco y sur de Zacatecas, lo que habla de su potencial”.

Weigand explicó que “algunas calderas se clasifican como súper volcanes, que han producido explosiones más destructivas y cantidades masivas de tefra [fragmentos piroclásticos expulsados a la atmósfera; si esa tefra es muy pequeña, se le llama ceniza]. El enorme volumen de material expulsado ha alterado dramáticamente los paisajes cerca y lejos y afecta el clima global durante décadas”.

Aclaró que aunque El Colli no llega al grado de esas súper calderas, no puede despreciarse su potencial destructivo. Advirtió que “las explosiones en las calderas ocurren de manera repentina y a veces sin efectos del todo visibles, como pasa con el común de los volcanes”. Cuando ocurre una explosión en estos sitios “las temperaturas a veces son de arriba de 800 grados y la velocidad de 200 hasta 400 kilómetros por hora. Una vez que el evento explosivo está en marcha, no hay manera de escapar. La gente carbonizada en Pompeya representa la prueba de eso”.

El especialista, quien realiza estos trabajos con su esposa Celia, destacó que la colonia Bugambilias se encuentra arriba del anillo de la caldera. Además, presentó información sobre la distribución poblacional de Guadalajara para el año 2030 y concluyó que habrá un aumento en el número de habitantes en esa zona específica.

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