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Con pistoleros, empresarios se han apoderado de las costas más hermosas del Pacífico


Viridiana Saavedra – LA JORNADA JALISCO

Tomatlan, 27 de octubre.- La incertidumbre de no contar con recursos suficientes para mantener los campamentos tortugueros en Tomatlán, y de que además los intereses de personas con poder económico y social tienen para influir entre los jóvenes del lugar, preocupa a los han entregado su vida a la conservación de los quelonios.

Aseguran que quienes se han adueñado de las costas más hermosas del Pacífico han bordeado de pistoleros el área sin que las autoridades hagan algo al respecto.

Los pistoleros, explicó un oriundo del lugar que prefirió no identificarse por temor a ser reprimido, reciben diariamente 900 pesos, y hubo un tiempo, afirmó, en que había ciertos terrenos, como el denominado Rancho El Patrón, donde por lo menos 50 personas custodiaban el área, lo que alarmó a los habitantes de diversos poblados, ya que, dicen, los adolescentes se acercaban a dichos sujetos proporcionándoles autoridad que no merecían sólo por considerar que ellos serían quienes terminarían con la precariedad en que viven las comunidades, donde para tener acceso a los servicios de salud, deben recorrer largos trayectos en vehículo.

“Eran su ejemplo a seguir”, dijo el hombre que por años ha estado en el lugar, y quien se mostró un tanto tranquilo, porque los terrenos, al parecer pertenecientes a una familia de artistas de música regional, actualmente son custodiados por menos de una decena de personas, y luego de que uno de ellos aparentemente se ahogara, la relación con los habitantes de la zona, ubicada en el extremo norte del municipio costero, ha disminuído, y los jóvenes que antes se acercaban han dejado de hacerlo.

“Los buscaban porque sabían que tenían dinero, y porque los encontraban en las fiestas del pueblo y vacilaban juntos”, aseguró el hombre, quien explicó que dicho terreno está dentro de una zona protegida, pues a ésta arriban muchas tortugas golfinas, pero que eso no importa a los propietarios, que por tal de tener resguardada el área, utilizan reflectores de alta intensidad, que con su luz confunden a los animales marinos a lo largo de aproximadamente 3 kilómetros de playa que abarca el predio.

El rancho está ubicado dentro del ejido El Realito, y de acuerdo con lo que dicen quienes ahí han vivido, “es uno de los más pesados de la zona”, y fue en la década de los 80 cuando tomó su calificativo, luego de que gran parte de los asaltos carreteros se dieran justo en la parte que corresponde a dicho terreno, al que aseguran, ni la policía, ni las fuerzas armadas se acercan, y donde la conservación de las tortugas es lo menos importante, por lo que entre hueveros y pistoleros, hacen de las suyas impunemente.

Por su parte, el capitán Héctor Rogelio Oliver Comparán, en representación del Comandante de la Octava Zona Naval Militar con base en Puerto Vallarta aseguró que han actuado con mano dura y de manera permanente por la preservación del quelonio, pues dijo, es parte de lo que les compete.

“En nuestra jurisdicción se establece que se debe proporcionar el apoyo a Profepa (Procuraduría Federal de Protección al Ambiente) y a las instituciones de Sagarpa (Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación) para fin de la protección de la tortuga marina. Nosotros estamos con la política del alto mando, que es el presidente de los Estados Unidos Mexicanos, en el que no damos un paso atrás y definitivamente estamos en apoyo para detectar actos ilícitos y éstos son detenidos y puestos disposición de las autoridades correspondientes”.

Cuestionado sobre lo que dicen habitantes de la zona en torno a que han bajado los rondines luego de que inició la lucha en contra del crimen organizado encabezada por el ejecutivo federal, Oliver Comparán aseguró que éstos se siguen dando con la misma regularidad, pero por ser tan larga la superficie que recorren, su presencia en ocasiones no es identificada por los habitantes, sin embargo, los hueveros sí perciben su llegada y evitan acercarse a las orillas, que es donde las tortugas desovan.

“Cuando llega la Marina sirve como una forma de disuasión y la gente cuando sabe que la Marina está cerca no se acerca y no llevan a cabo sus actividades. Esa noche se abstienen de hacerlo”, aseguró el capitán, aunque sus declaraciones no coinciden con las de quienes ahí habitan, ya que aseguran, son pocas las ocasiones que los saqueadores son detenidos, y cuando un fenómeno así se da, rápidamente son liberados, pues las autoridades, dicen, los dejan libres porque no encuentran pruebas que acrediten su responsabilidad, o en su caso, después de pagar una fianza, por lo que regresan al lugar y continúan con las actividades ilícitas a falta de vigilancia, pues el personal que existe, no es suficiente para resguardar todo el territorio, por lo que existen convenios entre los campamentos tortugueros y las universidades, en los que los estudiantes que se interesen por la conservación de la tortuga marina, pueden realizar prácticas profesionales en la zona, aunque la falta de promoción ha sido una limitante y muchos de éstos no tienen conocimiento de la oportunidad que se les otorga en las costas jaliscienses.

“El trabajo que se realiza más que nada es el de protección y conservación de la tortuga marina y consiste principalmente en el patrullaje nocturno de la playa, donde se recolectan todos los nidos para protegerlos del saqueo, se llevan al corral y se tienen que recoger datos sobre cuántos huevos puso, para vaciarse a una bitácora, y luego de cotejan, es decir, hay una ficha de colecta y otra ficha de sembrado para llevar un control de eclosiones y de cuántas tortugas se liberan”, explicó Juan Manuel Pineda Velasco, pasante de Biología de la Universidad de Guadalajara (UdeG), quien actualmente realiza sus prácticas profesionales en el campamento La Gloria, en Tomatlán.

La depredación de tortugas, explicó el pasante de la carrera de Biología, “es un recurso quizás utilizado por miles de años y por diversas culturas que a causa de la explotación desmedida, está en el borde de la extinción”, motivo por el cual, dijo, se acercó a la conservación de quelonios, y abrió la invitación a todos los interesados, sin importar si entre su universidad y los campamentos existen convenios, pues aseguró, “si no hay convenios, se firman”, a solicitar informes en el Centro Universitario de la Costa Sur (Cucsur) o en el Centro Universitario de Ciencias Biológico Agropecuarias (Cucba) ambos pertenecientes a la UdeG, así como a través del correo electrónico jtrejo@costera.melaque.udg.mx.

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