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De la época de la colonia, propuesta de la SSJ de entubar el río Santiago: investigador

Con sus “soluciones rápidas”, Emilio trasladará el problema a otro lugar, advierte Arturo Curiel

El saneamiento de las aguas, la mejor solución a la contaminación, señala el especialista

Mauricio Ferrer – LA JORNADA JALISCO

Entubar el río Santiago como solución a la contaminación que existe en el punto que éste atraviesa en los municipios de Juanacatlán y El Salto es “un razonamiento de la época de la colonia”, así calificó el investigador de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Arturo Curiel Ballesteros, la propuesta que el secretario de Salud de la entidad, Alfonso Gutiérrez Carranza, lanzó el pasado martes 5 de febrero.

“Eso hacían los españoles en la época de la colonia con las aguas negras que contaminaban, las metían en un tubo”, expresó el científico de la UdeG.

Curiel Ballesteros afirmó que el río Santiago, en el punto donde pasa por El Salto y Juanacatlán, es “un río muerto” que ha perdido toda capacidad de vida.

La muestra es el estado de coma en el que se encuentra el pequeño de 8 años Miguel López Rocha, quien cayó al río a finales de enero pasado. El 29 de ese mes, la solicitud de encefalograma del menor en el Hospital General de Occidente (HGO) –de la cual La Jornada Jalisco posee una copia– revela un diagnóstico temporal por “deshidratación, diarrea y crisis compulsivas + intoxicación por metales pesados”.

Y aunque la exposición en los medios de la negativa de las autoridades a reconocer un río contaminado, la realidad es que las aguas del Santiago poseen “una gran cantidad de contaminantes, de residuos urbanos, desde 1950”, recuerda el académico.

El también responsable de la Cátedra del Agua, que cada año se realiza en la UdeG, dijo que desde la década de los años 50 empezaron los primeros acuerdos para sanear el río.

La revolución industrial en El Salto y Juanacatlán inició en 1906 con el establecimiento de la empresa Nunatex. Desde esa época y hasta entonces, cientos de empresas se han ido incorporando al corredor industrial.

Según el Inventario de Descargas en Jalisco de la Gerencia Regional de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), hay 280 descargas identificadas en el Santiago. Las fábricas que más tiran sus desechos a estas aguas son Celanese Mexicana, Ciba Especialidades Químicas, IBM, Nestlé, Industrias Ocotlán y Harinera de Maíz de Jalisco.

En los lodos del río Santiago existen metales pesados: cromo, plomo, cobalto y mercurio, según un estudio realizado en 2007 por el Instituto Mexicano para el Desarrollo Comunitario (Imdec).

“Se sabe que hay contaminantes que de alguna manera tienen algunos efectos en la salud. En esta parte del río hay ácido sulfhídrico, cuyo olor se percibe cuando se llega a El Salto y Juanacatlán”, dijo Curiel Ballesteros.

“En términos biológicos, es un río muerto, por su pérdida de oxígeno”, añadió.

El investigador citó a la misma información oficial de la Conagua: “la evaluación (de la institución) de la cuenca, en este punto, es de pésima calidad, donde la contaminación está al tope”.

De ahí que entubarlo no sea la mejor solución, según Curiel Ballesteros: “se puede reducir la exposición de las personas al río, pero el tubo deberá tener una salida en otro lado”.

Los lineamientos actuales, explicó, están enfocados al desarrollo sustentable en una relación ecosistema sano-gente sana. Si existe un río contaminado como el Santiago, la acción tiene que ir dirigida al saneamiento, dijo el investigador.

“El recurso del entubamiento dejó de usarse desde mediados del siglo XX. En los países desarrollados, desde los años 70 optaron por el esquema de la restauración de los recursos hídricos, como los ríos. No sólo una restauración de la calidad del agua, sino también de las cuencas”, añadió.


De la propuesta del gobernador de Jalisco, el panista Emilio González Márquez, para encauzar el río hacia otras latitudes, Curiel Ballesteros calificó ésta como de “aparentes soluciones rápidas”.

“El impacto ambiental de llevar el río a otros lugares no resuelve el problema; dejar el problema de la exposición de la gente a la contaminación o exponer a otras poblaciones o ecosistemas, es como esa idea de tirar la basura en otro lado para que no me afecte a mí. Llevar esa amenaza a otros lugares puede reducir la exposición, pero se lleva a otro lado y es el cuento de nunca acabar”, comentó el académico.

Lo más eficiente para el Santiago, desde la óptica de Curiel Ballesteros, sería una planeación trazada en el mejoramiento de las condiciones del lago de Chapala y del río Santiago, por la conexión que tienen.

“El beneficio no sólo sería la exposición (a los contaminantes) sino la restauración de una calidad del agua que no sólo la requieren las personas sino múltiples formas de vida; entre 1900 y 1950, el río representaba una riqueza, se le han quitado esos valores, es ya una condición de amenaza”, expresó el científico.

Para el saneamiento del Santiago se requieren dos enfoques: tecnológico y participativo, resumió Curiel Ballesteros. Pero “en Jalisco, cuando se plantea la política de restauración, significa un costo, aparentemente; costos en términos de qué”, cuestiona.

Como ejemplo menciona el río Sena, situado al noroeste de Francia. “A principios de los años 60, el Sena era considerado por los científicos como un río moribundo”, según información de la UNESCO.

En 1964 Francia implantó la Ley del Agua. Las primeras acciones asignadas a la Agencia del Agua Sena-Normandía fueron dirigidas a implantar un sistema de gestión integral del agua a nivel de la cuenca que resultara sostenible y que estuviera enmarcado por leyes nacionales y europeas, a la vez que implicara a los actores concernidos; también se aseguró el abastecimiento del líquido; de igual forma, se protegió el patrimonio natural del ecosistema; se redujo la contaminación accidental y se mejoró la eficacia de las obras hidráulicas.

“El Sena era muy contaminado por la navegación, ahora la gente va y se baña en el río”, comentó Curiel Ballesteros.

Pero nadar en las aguas del Santiago es de vida o muerte. Y en esos dos polos oscila Miguel López Rocha, de 8 años, quien cayó al río en enero pasado y desde entonces no ha despertado.

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