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DESERTIFICACIÓN

En Expo Forestal, el secretario ejecutivo de la convención contra la desertificación

 

El mundo corre a “tierra

baldía”, alerta la ONU

 

300 mil personas al año migran por pérdida de tierras fértiles en México

 

Agustín del Castillo. PÚBLICO-MILENIO

 

El planeta tierra, hogar de los humanos y de unas dos millones de especies vivas más, algún día fue el jardín selvático de la Biblia, lleno de verdor, formas lujuriantes y agua. Pero hoy, tras siglos de “progreso”, está amenazado con convertirse en una tierra baldía por el avance irresistible de la desertificación, un desastre ambiental y social hasta hace poco insospechado, advirtió el secretario ejecutivo de la Convención de las Naciones Unidas contra la Desertificación, Luc Gnacadja.

El experto acudió ayer a la Expo Forestal, que se realiza en esta ciudad, para hablar de este azote de la humanidad que está ocasionando hambre, migración, pérdidas económicas millonarias y pone en predicamento la conservación de los ecosistemas naturales.

En el caso de México, las estadísticas oficiales señalan que año con año, 300 mil personas dejan sus rancherías y pueblos para unirse a las grandes concentraciones urbanas, efecto de la pérdida de fertilidad de sus tierras y en consecuencia, las magras cosechas que levantan.

El país tiene casi 25 por ciento de su territorio en proceso de degradación, pero se trata de una plaga universal, pues 41.3 por ciento de las tierras emergidas son desiertos o están en vías de convertirse por la acción humana irresponsable, lo cual acentúa el calentamiento global que padece el planeta (pues la pérdida de masa forestal libera cantidades ingentes de carbono confinado, hasta 20 por ciento de las emisiones mundiales).

Los procesos de desertificación son más acusados en la región ecuatorial y tropical del mundo, donde se cuenta con la mayor diversidad biológica, pero además, con los suelos más delgados y frágiles y con la mayor masa humana en miseria.

De estos daños, causados o acelerados por factores humanos, “la tierra no puede recuperarse sin ayuda”; sin embargo, “la degradación del suelo es una amenaza poco reconocida” que las naciones y los actores económicos no pueden darse el lujo de ignorar.

Tampoco se puede hacer un lado la grave crisis alimentaria que provoca. “Final del formulario

Vamos llegando a un sistema global alimentario bajo tensión; por un lado, se demandará el crecimiento en 50 por ciento de la producción alimentaria antes del año 2030, pero las tierras de labranza están en retroceso debido a los efectos de merma en las cosechas que trae la degradación de la tierra”.

Con el cambio climático “se está perdiendo la tierra de labranza a un ritmo de 30 a 35 veces más la tasa promedio histórica […] 1.9 mil millones de hectáreas de tierra [diez tantos la superficie de México] en todo el mundo se degradaron desde 1950”.

Así, 854 millones de personas “viven en una inseguridad alimentaria sistémica; más de 25 mil personas al día mueren de hambre o de enfermedad relacionada con ella”.

Los desiertos crecen por el cambio de uso de suelo tanto para actividades de lucro como de supervivencia. El mal uso de la tierra en regiones selváticas (los grandes sumideros de carbono del mundo) por la nula gestión pública y privada precipitan más en la miseria a sus ocupantes. Es un círculo vicioso que hay que romper.

Luc Gnacadja cerró con una memorable cita de Los Vedas, de 1,500 años antes de Cristo: “De este puñado de tierra depende nuestra supervivencia. Cásese con ella [con la tierra] y allí crecerán nuestro alimento, nuestro combustible y nuestro abrigo, y nos rodeará con belleza. Abuse de ella y el suelo se derrumbará y morirá, tomando a la humanidad con él”.

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