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Desvestidos y alborotados

Juan Alberto Vázquez . MILENIO
Ciudad de México

Los ciclistas, como los amorosos, son locos… sólo locos. Tienen esqueleto en lugar de carrocería y no se pueden dormir, porque si se duermen se los planchan los vochitos.

En un lapso de tres días, esta tribu urbana de tendencias ecologistas organizó sendas paradas para recordar sus más sentidos reclamos hacia la sociedad que los ignora, pero sobre todo a sus rivales en las calles: autos, camiones, motocicletas y autoridades, supuestas encargadas de mediar entre los intereses de Tsurus y Benottos. En el caso del tradicional paseo de miércoles por la noche, éste se convirtió en marcha fúnebre por la tragedia del pasado 15 de mayo, día que un auto arrolló y mató a la joven activista Liliana Castillo Reséndiz cuando pedaleaba por la avenida Universidad en la Ciudad de México.

Sesenta horas después, un grupo de aproximadamente 250 se reúne de mañanita sabatina afuera del bosque de Chapultepec. Algunos se pintan un grafiti, otros sólo se despojan de la ropa y las menos se quedan sólo en calzoncitos para iniciar el periplo que terminará dos horas y media después en la Glorieta de la Cibeles con un chapuzón colectivo para refrescarse luego de tan agotadora y candente exhibición. Todo sea por la dicha suprema y el delicado placer que implica pedalear en bolas.

La Ciudad de México y sus aguerridos ciclistas participan por cuarta ocasión en el evento internacional World Naked Bike Ride (WNBR) “Marcha-Rodada Mundial Ciclista al Desnudo”, que del mismo modo se celebró en otras 146 ciudades del mundo.

La tradición del paseo sin ropa básicamente es para reclamar más espacios, para pretender una ciudad menos contaminada merced al uso colectivo de la cleta y para que haya reglas, usos y costumbres que dediquen al ciclista, pero también al peatón, un poco de respeto y cuidado. Algunas de las consignas clásicas son “¡desnudos ante el tráfico!, ¡mi cuerpo es mi carrocería!, o ¡ahora sí me ves, ¿verdad?!”.

La marcha provocó hilaridad entre quienes circulaban por la ruta trazada y un poco de molestia entre los ciclistas encuerados cuando en su pequeño mitin en el Zócalo, ciudadanos de a pie insistían en retratarse con las participantes más atractivas y encueradas.

Ahora si que los del comité organizador sentían que les estaban pedaleando sus bicicletas.

¡Más respeto al ciclista que nada les cuesta!.

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