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El Ciruelo, pueblo sumergido bajo las aguas de la presa El Cajón

Cecilia Durán – LA JORNADA JALISCO

A 132 kilómetros de Guadalajara, en Temacapulín, el gobierno de Jalisco pretende construir la presa de El Zapotillo, cuyo embalse inundará este pueblo fundado en el siglo XVI, además de Palmarejo y Acasico, dos pequeñas poblaciones aledañas. Sus habitantes resisten en una lucha que aún tiene un final incierto.

Ubicado a 100 kilómetros de esta ciudad estaba El Ciruelo, en Nayarit, cuya historia puede ser un espejo de lo que podría vivir Temacapulín en un futuro próximo. Con la construcción de la presa El Cajón se inundó la comunidad, previas promesas de construcción de escuelas y calles hechas por la Comisión Federal de Electricidad (CFE) que aún no han sido cumplidas, y a los pobladores les fueron expropiadas sus casas y sus tierras.

En la historia del pueblo está basado el documental El Ciruelo, de Emiliano Altuna y Carlos Rossini, que obtuvo mención del jurado en el Festival de Cine de Morelia.

Hacer una película de todo un pueblo

Los realizadores investigaron sobre la construcción de la presa, iniciada en el 2003 y concluida este año, con el interés de hacer un documental basado en el grupo de gente afectado por una circunstancia adversa, porque supuestamente con la presa llega el “progreso” que arrasa con sus vidas.

Viajaron a El Ciruelo en el momento en que la gente estaba siendo trasladada a El Nuevo Ciruelo, y esta situación colaboró para captar justo el momento en que dejaban las casas ocupadas durante años.

Las imágenes captadas en la cinta muestran el agua arrasando con las casas de adobe, las tierras, la iglesia, las calles y la gente sacando de apuro sus pertenencias en camionetas de la CFE. Hay numerosos momentos impactantes en el documental, los silencios dicen mucho, la incertidumbre es una constante en todos los pobladores, nadie sabe para qué se hizo la presa y si su construcción es positiva o negativa.

“Llegamos justo cuando el agua estaba subiendo, cuando la gente se estaba mudando. Sabíamos que queríamos hacer una película de todo un pueblo, no de una persona o una situación particular. Queríamos hacer protagonista a todo el pueblo ante la situación, por lo tanto teníamos que seguir a varios personajes. Por otro lado, teníamos claro contar de una manera más observacional, algunos dirían antropológica, sin intervenir nosotros y contar la historia cerca de los personajes, no irnos a opiniones externas”, dijo Altuna.

“Lo estético siempre fue secundario. Teníamos planos bonitos y decidimos dejarlos afuera, porque carecían de contenido. Por más que es importante lo estético, el contenido dictaba la forma”.

Rossini explicó que el nudo de la película estaría en la mudanza. “Si hubiésemos llegado en el momento en que aún existía el pueblo, hubiese sido más nostálgica y menos vivencial como lo es ahora. Creo que ahí ganó mucho la película y le da mucho a los personajes, porque el vivir los hechos toca en un punto delicado para nosotros que es la dignidad de la gente. Si hubiéramos captado al pueblo antes de hundirse, creo que hubiéramos perdido eso tan importante para el final de la película que es que el espectador se quede con la dignidad de la gente y de lo que pasaron.

En la película, que obtuvo apoyo económico del Imcine, también puede verse cuando funcionarios de la CFE organizan una fiesta para trasladar al santo del pueblo y es en ese momento en donde se ve la resistencia de los pobladores que se niegan a participar de la celebración.

“Era indignante ver cómo los estaban engañando. Ellos no nos preguntaron nuestra opinión. Intentábamos observarlos y hablar sólo cuando nos pedían opiniones, pero no involucrarnos al punto de decirles qué hacer. Tratamos de no intervenir en sus decisiones, lo más doloroso fue tratar de ser ecuánimes”, dijo Altuna.

Rossini contó que “la CFE inmediatamente que vio una cámara nos corrieron muchas veces del pueblo. Cuando aparece la gente de Comisión no pueden explicar nada, lo único que dicen es apaguen la cámara. El pueblo es de la CFE, se adueñaron de todo, legal o ilegalmente, no sabemos, pero nos decían que no podíamos estar ahí, porque el pueblo es de la Comisión. Los pobladores nos alojaron en sus casas”.

Los directores coinciden en resaltar su deseo de que el documental aporte información a los pueblos en donde se tiene previsto hacer presas, como Temacapulín, La Yesca o La Parota.

“La sociedad en general no les importa mucho si hay un pueblo arrasado y ya no tienen de qué vivir con tal de tener más watts de electricidad. Nadie se ocupa de esa gente, nadie los oye, nadie los pela, y es claro que lo que hacemos nosotros tiene que ver con un tema político. Una sociedad con tal de tener más electricidad es capaz de arrasar un pueblo. No le preocupa hacerlo bien y reubicar a la gente de buena manera, que pueda tener un pago digno por su historia, por sus tierras. Nos interesa que quede claro que el público que será víctima de estas cosas lo vea”, dijo Rossini.

Rossini y Altuna inscribieron El Ciruelo en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara y aún están en espera de una respuesta para entrar en la competencia.

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