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El Salto y Juanacatlán, el paseo del terror

Rocío Ramos – PÚBLICO

Lo titularon El Paseo del Terror y para más de uno realmente lo fue. El elenco lo compusieron 65 personas, que este domingo visitaron un poblado donde predomina un extraño olor y donde un río contaminado causa enfermedad y muerte, según denuncian sus habitantes. El villano: las autoridades, las industrias y Caabsa Eagle, la empresa encargada del tiradero de basura de la zona.

¿Le suena la historia? A muchos en El Salto y Juanacatlán sí, y es una pesadilla, según lo aseguró Graciela González Torres, miembro de la asociación Un Salto de Vida, que organizó una visita guiada por el río Santiago y sus alrededores, para conocer el basurero Los Laureles y la cascada o Salto de Juanacatlán.

Poco más de 60 personas logró reunir la convocatoria de Un Salto de Vida para el tour, que se denominó El Paseo del Terror, entre ellas estudiantes del ITESO, la Universidad de Guadalajara (UdeG), y de varias preparatorias; así como asociaciones civiles y ciudadanos interesados.

Entre los asistentes causó honda impresión, así lo expresó Mónica, de El Arenal, el enterarse que hay lixiviados, también llamados jugos, que escurren de la basura de Los Laureles y llegan al río Santiago, cuyas aguas se usan para el riego.

También les conmocionó el olor y ver los 18 metros de altura que alcanzan las montañas de basura y la extensión, de 72 hectáreas, que tiene el vertedero que recibe 3,400 toneladas diarias de desechos de la zona metropolitana de Guadalajara.

Por si esto no fuera suficiente, desde hace más de 25 años los ayuntamientos conurbados descargan alrededor de 815 litros por segundo de aguas negras al río Santiago, explicó Graciela González, encargada de dirigir el tour.

El vertedero es un foco de infecciones para quienes viven en los alrededores y contaminación para el cauce del cercano río, relató la guía al grupo. Pero mientras los “amolados” sean los que sufran los problemas de la contaminación “no pasa nada”, agregó Etienne von Bertrab, de Ciudad para Todos, quien resaltó que eso no ocurre en las democracias. Sin embargo, se mostró optimista ante el hecho de que se esté tomando conciencia entre la población del problema.

Después de ver de lejos el basurero, se continuó El Paseo del Terror por la cascada o Salto de Juanacatlán. Ahí el olor predominante era como a huevo podrido. La espuma blanca, el lirio, la basura y el agua entre verdosa y negra completaban el paisaje de lo que fue “un lugar hermoso”, según indicó Everardo Vergara, vecino y miembro de Un Salto de Vida, a quien sus predecesores eso le contaban sobre el atractivo perdido hace ya mucho años.

El joven declaró que en la lucha por lograr concienciar a la población se ha topado con dificultades, como el que lo detuvieran unos policías por tomar fotografías del vertedero Los Laureles.

Tras una larga caminata y un paseo de casi cinco horas, los que presenciaron la situación del río Santiago en los alrededores de El Salto y Juanacatlán, se comprometieron a apoyar de diferentes maneras la causa para lograr que se reduzca la contaminación. De hecho, se informó de buenas nuevas: la Comisión de Cooperación Ambiental de América del Norte (CCAAN), escuchará y recopilará las pruebas que se tienen para ayudar jurídicamente contra las industrias causantes de la contaminación; el acto será el 17 de noviembre próximo.

También se publicará un libro con patrocino de la UdeG, se hará una encuesta de calidad de vida entre los habitantes, el seguimiento a las acciones legales (demandas por violación a derechos de la salud y el agua) y una campaña informativa mediante volantes, auspiciada por la Fundación Rosa Luxemburgo, de Alemania, se indicó.

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