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El Triunfo, las montañas del Quetzal

Fulvio Eccardi, fotógrafo italiano, uno de los promotres de la protección de estos bosques nubosos de Chiapas, nos comparte algunas fotografías que muestran la riqueza del lugar.

Montañas de El Triunfo. Imagen: Fulvio Eccardi

Montañas de El Triunfo. Imagen: Fulvio Eccardi

Por Agustín del Castillo

15 de enero de 2013.- El mundo exhala pausadamente su aliento sobre la Sierra Madre de Chiapas: un mar de nubes sube desde el océano Pacífico, lento y fantasmal, y ahoga la enorme orografía que separa las llanuras de El Soconusco del altiplano central.

La imagen de Fulvio Eccardi que domina esta página es mejor que cualquier disertación sobre por qué existen las umbrías de niebla, llamadas por los ecólogos “bosques mesófilos de montaña”. Revela su extraordinaria dependencia a un régimen de temperatura, sombras y humedad que los hace únicos en el planeta; a partir de la imagen se puede inferir por qué esas tupidas florestas sostienen una variedad de formas de vida similar a la de las selvas perennifolias, pero además, se transmite una idea de su fragilidad: los cambios climáticos amenazan de forma acusada estos ecosistemas, que apenas ocupan unos 20 mil kilómetros cuadrados (2 por ciento del territorio mexicano). ¿Son imágenes de un paraíso destinado a perderse?.

El Triunfo es una Reserva de la Biosfera federal de 119 mil hectáreas decretada en 1990, que desde el año 2002 cuenta con un fondo de dos millones de dólares, dinero que han servido de capital semilla para obtener más recursos y financiar durante 10 años proyectos diversos por casi 60 millones de pesos.

Eccardi es actualmente el presidente del Fondo de Conservación de El Triunfo (Foncet), y a sus pasiones de biólogo y naturalista, añade su cultivo acucioso de la imagen, esos “mundos de imágenes suspendidos de un hilo de araña” (Octavio Paz, Semillas para un himno).

Quetzal. Imagen: Fulvio Eccardi

Quetzal. Imagen: Fulvio Eccardi

Es esa visión sorprendente la que nos hace recorrer las espigadas montañas que son hogar de uno de los pájaros más emblemáticos de América: el huidizo quetzal, (algunos equivocadamente lo llaman trogón resplandeciente), o curucú (Pharomachrus mocinno en la terminología de Linneo), un ave mítica que, dice la leyenda, no sabe vivir en cautiverio.

Difícil de atisbar en medio del arbolado espectral, apenas se revela por su canto, que semeja un grito, a no ser que haya día despejado y se trate de tiempos de apareamiento: entonces, los espectaculares machos se acicalan, sobrevuelan, construyen nidos y buscan seducir a las modestas hembras con su plumaje esplendoroso verde-rojo-blanco-negro, y esa corona estrambótica, muy a la Tina Turner.

El Triunfo. Gráfico: Conabio

El Triunfo. Gráfico: Conabio

El bosque de niebla también sostiene economías. Está sobre todo la del café (la etiope Coffea arabica), cuyo ordenamiento es amable con los árboles porque depende de su sombra para prosperar. También está, de cultivo más reciente, un cuidado ecoturismo que busca no perturbar un hábitat que lo es también de tapires, jaguares, pumas, venados, pavones, tucanetas y armadillos, y que capta raudales de agua que deviene de gas a líquido y se arremansan en las riadas y los subterráneos de la sierra.

¿Cómo se topó con El Triunfo? Fulvio Eccardi contesta mientras sorbe café en el lobby de un lujoso hotel de Guadalajara:

“A finales de los sesenta del siglo pasado, empecé a viajar, fui a La Encrucijada, fui a El Ocote […] a El Triunfo me acompañó Alfonso Cuarón, hermano de los Cuarón, cineastas, estuve una semana y quedé impactado, y regresé al siguiente año, dije: ‘tengo que fotografiar al quetzal’, leí de él, que era una ave que se creía de fantasía, que ya no existía, que se había extinguido, y verla me impactó mucho; tomé una película kodak 64 asa; tomar a un pájaro con 64 asa era algo muy difícil, me tarde como tres años, pero tomé fotos importantes, porque luego fueron muy simbólicas en una campaña que se hizo de un quetzal en silueta en la niebla…”.

Fulvio Eccardi, cortesía de su archivo personal.

Fulvio Eccardi, cortesía de su archivo personal.

Cuando hay niebla “la cantidad de luz aumenta, es como tener una caja de luz, y me enamoré del lugar y regresé durante muchos años, pusimos una cabaña, empezamos un proceso que después otra gente retomó, hasta que se le declaró Reserva de la Biosfera”, entre 1990 y 1992.

No ha sido una historia sencilla de conservación. Se han debido enfrentar invasiones de agraristas, talamontes, intereses mineros, denunciantes de tierras nacionales baldías, hombres que se empeñan en ver en el mundo del subtrópico las tierras sin ley donde mandan los fuertes.

No obstante, hay resultados exitosos, porque los aborígenes de la sierra han aprendido a mirar.

“Hace 30 años no tenían idea de que había un bosque por ahí, y ahorita los presidentes municipales y los niños lo saben, cada año hay presidentes que suben para conocer el lugar, aún hay mucho que trabajar con la gente que vive en esta membrana, entre la producción de café y el bosque de niebla, que son nuestros vecinos; se ha trabajado de manera estrecha con varios ejidos que reciben pagos por servicios ambientales, para mantener este cinturón de vegetación, que no necesariamente pertenece a la zona núcleo, pero sí a la zona de amortiguamiento”.

Esto se fortalece con la participación del Fondo Semilla de Agua, de proyectos de agricultura de conservación, de aprovechamientos sustentables de palma camedor y apicultura, de manejo integral de fuego, educación ambiental y creación de empresas comunitarias. Pero el planeta que exhala sobre la montaña sus vapores húmedos decidirá su futuro.

Quetzal en El Triunfo. Imagen: Fulvio Eccardi

Quetzal en El Triunfo. Imagen: Fulvio Eccardi

 

La historia de un fondo para la conservación

-Las 119 mil hectáreas del polígono que conforman el bosque de niebla y sus zonas de influencia y amortiguamiento, fueron decretadas Reserva de la Biosfera en 1990.

-En 1997, El Triunfo y Ría Celestún fueron las primeras reservas en graduarse del Programa PeP (Programa Parques en Peligro de The Nature Conservancy)

-Entre 1996 y 1997 se desarrolló el Plan de Financiamiento de Largo Plazo de la Reserva de la Biosfera El Triunfo. Este documento, entre varios aspectos, identificaba dos líneas de trabajo centrales: crear una sociedad civil con la finalidad de generar recursos financieros a partir del manejo del ecoturismo, aprovechando especialmente a los observadores de aves, y crear un fideicomiso para recaudar fondos de largo plazo que dieran certidumbre al manejo frente a los periódicos cambios de gobierno

-En el año 2002, después de una visita a la reserva con el director de conservación de la Fundación Packard, surge la oportunidad de conseguir los primeros recursos financieros para El Triunfo. Con el apoyo de la Semarnat, del Fondo Méxicano de Conservación de la Naturaleza, la Fundación Packard y la Fundación Gonzalo Río Arronte, se logran un total de dos millones de dólares con la finalidad de que los intereses sean proveídos para el manejo de El Triunfo.

-Allí nace el Fondo de Conservación de El Triunfo (Foncet)

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