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Intereses turísticos reducen reserva en sierra de Vallejo

“Campaña de miedo” de políticos de Bahía de Banderas surte efecto y mueve a ejidos a ampararse exitosamente; sus tierras, codiciadas para desarrollos inmobiliarios costeros, son santuario del jaguar.
Agustín del Castillo – Público
La reserva estatal de la biosfera sierra de Vallejo, Nayarit, en la vertiente norte de la Bahía de Banderas, uno de los más importantes santuarios del jaguar en México, perderá en definitiva más de 25 mil hectáreas, debido al éxito de juicios de amparos promovidos por ejidatarios, con respaldo de políticos e inversionistas turísticos, en contra del decreto del 27 de noviembre de 2004, que protege 63,598 hectáreas.
Esto obligará a recorrer hacia el norte y tierra adentro los linderos de la reserva de la biosfera, la cual apenas recibiría poco más de ocho mil ha en compensación, al norte de su polígono original, para quedar vigente sobre poco más de 46 mil ha, lo que lleva a una reducción territorial de casi 30 por ciento, sin entrar en consideraciones sobre la calidad ambiental de cada zona.
El nuevo polígono está en negociación entre la Secretaría de Medio Ambiente de Nayarit (Semanay) y las comunidades agrarias que no se oponen a la protección.
El argumento esencial en contra del decreto que emitió el entonces gobernador Antonio Echavarría Domínguez es que careció del respaldo de actas de las asambleas ejidales, formalidad que se descuidó pese a los amplios apoyos que tuvo la protección durante los años precedentes. La Semanay no habla aún de un nuevo polígono definitivo, pero ya ha presentado propuestas en diferentes ejidos de estas montañas.
El planteamiento de modificación de la reserva establece que es necesario sacar del régimen de protección 22,438 ha debido a las resoluciones judiciales en contra, mientras 3,199 ha más deben ser también separadas debido a que quedarían aisladas del polígono principal. Las modificaciones más fuertes se dan tanto al sur como a lo largo de los predios vecinos del litoral (oeste), justamente el territorio más valioso en términos de especulación inmobiliaria. La ampliación norteña del área protegida es de 8,828 ha, al oriente de la localidad La Puerta de Lima. No obstante, es una propuesta no consolidada aún, pues está en consulta en busca de las aprobaciones correspondientes (ver gráfico).
Los promotores de la conservación saben que el fracaso parcial se debe no sólo a que el entonces Instituto Nayarita de Desarrollo Sustentable (Inades) omitió un aspecto básico del decreto, sino, además, a la “campaña de miedo” que en el contexto de las elecciones de 2006 fue promovida por políticos de Bahía de Banderas, que convencieron a los ejidatarios de que el decreto era una virtual expropiación; entre estos representantes populares destaca el ex alcalde Héctor Paniagua Salazar, quien de este modo reflejó su enemistad con el anterior mandatario nayarita, sin reparar en que Echevarría Domínguez simplemente apoyaba de forma institucional un proceso local al que era ajeno (Público, 23 de marzo de 2006).
Los representantes ejidales aseguraron en sus demandas no haber recibido “siquiera una comunicación oficial sobre el decreto en marcha”, lo que entraña una violación al artículo 14 constitucional, por lo que las sentencias, emitidas por el Juzgado Tercero de Distrito de Tepic, fueron confirmadas en el Tribunal Colegiado de esa misma ciudad, según información del gobierno nayarita.
Aparte de las motivaciones políticas, subyace como asunto de fondo la gran especulación desatada en torno a la denominada “Riviera nayarita”, del Fondo Nacional de Fomento Turístico (Fonatur). La organización ecologista Greenpeace denunció en abril pasado que “rematar terrenos en zonas costeras a los desarrolladores turísticos es la política que sigue el Fonatur”. Litibú, el polígono más al sur de la costa nayarita, fue pagado en promedio a 222 dólares por metro cuadrado. “Estos precios están muy por debajo del valor catastral”.
“Esto es indignante, ya que Fonatur, después de malbaratar las zonas costeras privilegiadas de nuestro país, crea fideicomisos con los mismos beneficiarios de los terrenos, es decir, se asocia para apoyar financieramente los proyectos, además de que subsidia su mantenimiento. Es un esquema en donde los únicos favorecidos son los empresarios del sector turístico y las grandes constructoras”, señaló en esas fechas Alejandro Olivera, coordinador de la campaña de océanos de Greenpeace México.
A ocho meses, no piensa distinto el presidente del Subcomité Consultivo Nacional para la Conservación y Manejo de Jaguar, Rodrigo Núñez Pérez, conocedor del área.
“Es una lástima que se pierda este refugio, viendo que en casi todo el mundo se está buscando proteger los espacios y su naturaleza, ya sea por fines de protección a la biodiversidad o por usarlo como banco de germoplasma y servicios ambientales. Acá seguimos pensando en sólo vender tierras, y la verdad es muy tentador que las vendan a precios que nunca creyeron [los ejidatarios] que valían, pero conozco casos de personas que vendieron sus tierras en un millón y fueron revendidas por los compradores en diez tantos más apenas unos meses después”, declaró a este diario.
La Sierra de Vallejo se extiende sobre las municipalidades de Bahía de Banderas y Compostela, al norte del río Ameca, límite con Jalisco. Los ejidos opositores corresponden a aquellos que se encuentran en la llanura costera; en las tierras más altas, la postura ante la protección ha sido de respaldo.
“Lo importante, a fin de cuentas, es que quienes se queden dentro del polígono estén bien convencidos, pues si el dueño del territorio no se suma al proceso de conservación, éste siempre fracasa”, señaló con convencimiento el director de la Alianza Jaguar de Nayarit, Érik Saracho Aguilar.
Mientras se trata de salvar la reserva estatal, permanece pendiente la promesa de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) de elevarla a reserva de la biosfera federal. El viernes 3 de junio de 2005, el Diario Oficial de la Federación publicó el aviso para abrirlo a consulta, pero, a más de dos años, no hay resultados de esta tentativa.

‘Efecto de borde’ extinguiría a los jaguares
Esto no sucede con los indígenas nahuas de la costa de Michoacán, que tienen posesión inmemorial de sus tierras costeras y las han defendido de los “redentores”.
Lo que a comienzos del siglo XXI queda de la sierra de Vallejo “vale porque todavía contamos con área lo suficientemente ancha para tener a varios jaguares ocupando el espacio; si reducimos a la mitad la reserva, es decir, la partimos por el parteaguas, es como quitarle 80 por ciento de posibilidades de supervivencia, por lo que en la biología de la conservación se llama el efecto de borde”, señaló el investigador especialista en el mayor felino de América, Rodrigo Núñez Pérez.
Es decir, “una población de jaguares en un área circular tiene mucho más posibilidades que en un área de forma alargada o rectangular; tenemos allí varios individuos organizados de manera regular, y los que están en la orilla pueden sufrir un impacto mientras que los que están en el interior pueden sobrevivir; en cambio, si están todos en una línea, imagínate: todos expuestos a la misma amenaza”, explicó en una entrevista con Público, sostenida por vía electrónica.
De este modo, “al quitar la parte del área natural protegida que da a Bahía de Banderas, ésta se comienza a desmontar y a construir; pierde entonces mucho de su integridad, porque las zonas que podrían funcionar como amortiguamiento ya no existen; se calcula que el impacto de algunas obras humanas tienen un efecto a partir del borde de la selva hacia el interior, hasta una distancia de 20 kilómetros“.
Y si bien la sierra de Vallejo es un centro de primer orden donde se reproduce la Panthera onca, “no sólo es el jaguar; es el paisaje, es la captación de agua, es la posibilidad de tener un miniparaíso al pie de nuestras áreas urbanas […] Yo entiendo a la gente del campo que quiere vivir mejor, si es que tener dinero significa vivir mejor; pero lo que no se vale es que hay gente, acaparadores, especuladores, que con una bandera de ser los paladines de la labor social, incluso de la conservación, andan indagando los precios de los terrenos, los compran como buenos amigos y después resulta que no valían un millón, que podrían valer 20 millones…”.
—¿No cree que lo peor es que no fueron empresarios, sino políticos, los que provocaron esto?
—Eso es exactamente lo que sería bueno ver; porque muchas veces los políticos son socios de compañías hoteleras o inmobiliarias y van junto con pegado.
El también responsable del programa de monitoreo de jaguar en la reserva de la biosfera Chamela-Cuixmala, en la costa sur de Jalisco, y asesor de los proyectos de Cabo Corrientes y sierra de Vallejo, destaca el escaso valor de la tierra entre los ejidos, razón por la cual la malbaratan, situación que se ha visto tanto en Nayarit como en Jalisco. De hecho, hace unos meses, un grupo de presuntos agraristas pretendió invadir las tierras de Chamela, “porque creen que la conservación es mantener tierras ociosas”.
Esto no sucede con los indígenas nahuas de la costa de Michoacán, que tienen posesión inmemorial de sus tierras costeras y las han defendido de los “redentores”.
“Es muy interesante ver cómo un político puede mover a la gente y echar a tierra una iniciativa cuyo valor va mas allá de Nayarit, porque es patrimonio mundial. Cómo es tan fácil destruir y tan difícil construir; una persona puede echar todo abajo, no gana nada, y después se va…”.


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