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Lamentan en el IMSS que autoridades minimicen la contaminación en El Salto

Desestimaron diagnóstico sobre enfermedades de alumnos de la escuela Mártires de Río Blanco, dice

MAURICIO FERRER – LA JORNADA JALISCO

En dos periodos de gobierno panista se han incrementado los niveles de contaminación y enfermedad en los municipios de El Salto y Juanacatlán, aseguró el doctor de la unidad médica familiar 34 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Francisco Javier Parra Cervantes.

El galeno presentó en 2006 los resultados del estudio Signos, síntomas y concentraciones de tiosulfatos urinarios, asociados a exposición del ácido sulfhídrico como principal contaminante de la localidad de Juanacatlán y El Salto. Las investigaciones de Parra Cervantes hechas entre 2005 y 2006 determinaron las enfermedades que presentan los niños que estudian en la escuela Mártires del Río Blanco, un plantel que se encuentra a 100 metros del río Santiago y cuyos alumnos presentaron una mayor incidencia a enfermedades en comparación con un grupo de niños no expuestos al ácido sulfhídrico, que se concentra en lo que es el punto de la cascada que divide ambos municipios.

“Las autoridades de la Secretaría de Salud Jalisco se vieron escépticas al estudio y lo desestimaron, dijeron que no tenía la suficiente muestra”, comenta Parra Cervantes a La Jornada Jalisco.

El estudio del médico local fue avalado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y fue, de hecho, su tesis para obtener el diploma en especialista en Medicina Familiar.

Alfonso Petersen Farah, secretario de Salud durante la administración del panista Francisco Ramírez Acuña, “no quiso ni recibirnos”, narró Parra Cervantes.

Más: a la llegada de Alfonso Gutiérrez Carranza a la Secretaría de Salud Jalisco, este mismo asistió a El Salto y Juanacatlán a presenciar la problemática de los habitantes. Ahí, en sus primeros días como responsable de la Salud de los jaliscienses, fue abordado por un grupo de médicos de la zona. Al final, Gutiérrez Carranza se comprometió a que “en tres días” iba a enviar un equipo multidisciplinario de expertos para documentar los casos de enfermedades en los municipios. Nada de ese encuentro, aun cuando existe un video que corrobora el compromiso hecho entonces por el secretario de Salud, según afirma el médico.

La inquietud de la investigación surgió a raíz de dos fenómenos que Parra Cervantes ha presenciado a lo largo de su carrera médica en la clínica de El Salto: primero, la consulta que suele ser muy sintomática, y segundo, un gran número de personas con una sintomatología semejante tanto en niños como en ancianos (grupos vulnerables), principalmente.

El ácido sulfhídrico (H2S) tiene un olor peculiar: a huevo podrido, dicen los habitantes de los dos municipios separados y unidos por un mismo problema, la contaminación. A la vez, su densidad lo hace más pesado que el oxígeno, por lo que es un elemento que regularmente queda a la altura de las fosas nasales de los niños.

La metodología de Parra Cervantes consistió en el monitoreo a dos grupos de 50 niños cada uno. Uno, proveniente de la Mártires del Río Blanco (grupo A) y el otro (grupo B) de un plantel alejado de la cascada que divide a El Salto y Juanacatlán.

Según los resultados en cuanto a la saturación de oxígeno, el grupo A presentó un porcentaje de hasta 95 por ciento, en comparación con el B. La tos fue otro padecimiento que alcanzó niveles de hasta 45 por ciento en el grupo A en comparación con un 23 por cento registrado en el B.

La secreción nasal en los niños del grupo A llegó a 59 por ciento, a diferencia del 21 por ciento de los integrantes del B.

En lo que respecta al aparato neurológico, Parra Cervantes observó que 80 por ciento de los alumnos del grupo A presentó mayor irritabilidad, mientras que en el B sólo 18 por ciento de sus miembros lo manifestó.

El dolor de cabeza fue otro padecimiento: llegó hasta 51 por ciento del grupo A en tanto que en el B sólo logró un 21 por ciento.

En lo que se presentó como sintomatología general, la fatiga apareció en 38 por ciento de los niños del grupo A y sólo en el 8 por ciento del B. En cuanto a visitas a consultas médicas, tuvo mayor índice el A: 37 por ciento de los niños; en cambio el B sólo obtuvo un 13 por ciento.

El síntoma más frecuente en el grupo de los menores expuestos a la contaminación del río Santiago es la disminución transitoria del nivel de conciencia. Al menos en 75 por ciento de los casos, según los resultados de Parra Cervantes.

“La toxicidad del ácido sulfhídrico es similar a la del cianuro, bloquea la capacidad de carga del oxígeno de la sangre, inhibe el centro respiratorio en el cerebro y bloquea el metabolismo aerobio de las células. Los ojos, pulmones y el sistema nervioso (cerebro) son órgano blanco en seres humanos”, dice el estudio.

Pero para la SSJ el estudio del galeno no resultó lo suficientemente fuerte como para hacer algo al respecto: “para ellos primero están las estadísticas”, dijo Parra Cervantes.

Aseguró que existe un subregistro por parte de la dependencia estatal en cuanto a los casos de enfermedades asociados con la contaminación en El Salto y Juanacatlán.

“La Secretaría de Salud tiene que entender que ella misma tiene imperfecciones y que presenta un subregistro importante de enfermedades, por lo que ello da pie a que no realicen investigaciones”, lamentó el especialista.

A los dolores de cabeza, a la tos, a la irritabilidad, otros males se presentan: insuficiencia renal cada vez más presente en niños y un tipo de asma “rebelde”, como la califica el médico, resistente a los tratamientos tradicionales.

“No sé por qué la Secretaría de Salud esté en esa actitud tan criminal de estar solapando algo que no necesita estudios tan sofisticados”, agregó Parra Cervantes.

Por lo pronto, un módulo de mastografía y Papanicolaou se estableció a las afueras del IMSS en El Salto. Desde la semana pasada está, dijeron algunas mujeres que hacían fila para un estudio. Sólo 20 consultas por día. Unas 140 en total, hacia el viernes, el último día que estará este módulo ahí, en El Salto, a escasos metros del puente que lo divide con Juanacatlán, donde al pasar, la nariz pica y las ganas de vomitar son una realidad, fuera de estudios sofisticados.

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