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Los árboles gigantes al borde de la extinción

Seis grandes ecosistemas amenazados con desaparecer en el estado. Los ejemplares silvestres enfrentan crisis de supervivencia por la combinación de cambio climático con presión comercial por su madera, y los cambios de uso de suelo para ganadería y huertas.

Ahuehuete. Imagen: Agustín del Castillo

Ahuehuete. Imagen: Agustín del Castillo

Por Agustín del Castillo

8 de julio de 2010.-

La montaña más alta de Jalisco guarda algunos de los árboles más longevos del occidente mexicano: Pinus hartwegii, oyameles y juníperos que ya existían cuando los hombres de Francisco Cortés de Buenaventura divisaron por primera vez para un europeo la cumbre nevada del sur de Jalisco, alrededor del año 1524. 486 años después, esos árboles están en riesgo de muerte.

Además de la tala comercial excesiva a que ha sido sometido el Nevado de Colima, y de los cambios de uso de suelo para ganadería y huertos que ahora destruyen sus laderas, el aumento de la temperatura terrestre, de seguir con un escenario tendencial, barrerá con los ecosistemas que los sustentan, tal vez antes del año 2050, casi seguro antes de 2100.

José Villa Castillo, director del parque nacional, sabe que le toca administrar ecosistemas en “terapia intensiva”, pues al ser la mayor prominencia del Pacífico mexicano, sólo allí existen los climas que propiciaron estas formas de vida.

Los estudios científicos revelan los cambios: “Se ha desplomado la precipitación en el Nevado de Colima de los años 50 del siglo XX al comienzo de este siglo, evidencia del cambio climático; esto ya es un serio problema y de seguir la tendencia desfavorable se pondrá en grave riesgo el destino de las masas forestales que requieren de mucha agua para su sostenimiento”, sin olvidar la pérdida de servicios ambientales como la recarga de acuíferos, explica.

Pinus hartwegii, la especie de pino que sobrevive a mayores alturas en el planeta, y el Juniperus monticola, desaparecerán cuando esta alta montaña deje de poseer el clima frío que soporta estas comunidades extremas. El caso del oyamel (Abies religiosa), que prospera un poco más abajo, es igual de complejo: “Requiere de una simbiosis de hongo micorrizico que sólo en ese suelo existe; producir el Abies es casi misión imposible en vivero, y yo tengo experiencia en ese tema; su medio es de un especificidad holística: suelo, clima, sombra, micorriza, humedad […] las generaciones humanas no verán, probablemente, el regreso de ese bosque…”.

Por eso, “hemos dicho que abrir las masas de oyamel compromete su desarrollo, por las condiciones ambientales tan frágiles que requiere […] por eso queremos que también sea protegido”. El Nevado alberga además un magnífico parque estatal con bosque mesófilo de montaña, un ecosistema privilegiado donde coexisten gran cantidad de especies boreales y tropicales, lo que lo hace, en términos relativos, el campeón de la biodiversidad mexicana. Llamado a ser otra de las víctimas notables del calor que aumenta, año con año.

Mientras la extinción los alcanza. Hoy, 8 de julio de 2010, Día del Árbol y mes del bosque.

Mundos en desaparición
Los riesgos de extinción alcanzan otras comunidades distintas al Nevado de Colima. Enrique Jardel Peláez, experto forestal de la Sierra de Manantlán e investigador y catedrático de la Universidad de Guadalajara, señala otros tipos de vegetación proclive a desaparecer: la selva mediana subcaducifolia, única en esta región del mundo y con alta riqueza de especies, cuya presencia relativa es restringida. “Algunas notables especies de allí son la caoba, la parota, el barcino y el cedro, que sufren una fuerte presión por su madera”, muy preciada para muebles finos.

De los bosques mesófilos distintos al Nevado, están sin duda los de Manantlán y los de Talpa, “con algunas especies llamativas de distribución restringida como el arce o maple”, además de magnolias y helechos arborescentes, entre decenas de especies oficialmente protegidas por ubicarse en alguna categoría de riesgo (NOM 059 SEMARNAT 2003).

Jardel agrega que también hay bosques de oyamel tanto en la región de Mascota como en Manantlán. “Quizás es el ecosistema más amenazado en contexto de cambio climático porque depende de condiciones de alta montaña”.

—¿No se puede pensar en un desplazamiento del ecosistema hacia partes más altas, en el propio Nevado de Colima?

—Bueno, si tienes una situación de desplazamiento de zonas de vida, las cosas que están encima son a las que les queda menos hábitat y menores oportunidades… Además, el cambio trae aumento de frecuencia e intensidad de incendios; entonces estos bosques son reemplazados por otros ecosistemas que resisten mejor el fuego, como los bosques de pino y encino.

En una situación igual de endeble están los bosques de galería, que son las comunidades forestales que subsisten al borde de ríos, arroyos y manantiales, con gigantes como el sauce y el ahuehuete. “Su destino va asociado a la alteración de cuerpos de agua, desviación del agua represada para agricultura o centros de población, inundación de los propios vasos de presas, contaminación acuática y también, de nuevo, el cambio climático por reducción de flujo de agua”.

En el caso del bosque de pino-encino, aunque tiene amplias oportunidades con el cambio de clima por su largo historial exitoso de adaptación, sus endemismos (especies exclusivas) también estarán en riesgo de desaparecer. Es el caso de un pino de muy raquítica distribución, el Pinus jaliscana.

La norma es que especies restringidas tienden a tener menores oportunidades de sobrevivir en un mundo cambiante.

Bosques sin árboles
Ni el manglar ni la vegetación de semidesierto, también presentes en Jalisco, se consideran árboles, pues no son especies leñosas. Sin embargo, en las grandes discusiones sobre la reforestación nacional, se ha impulsado la reintroducción de sus especies para recuperar la funcionalidad de sus ecosistemas.

“Los manglares, en términos de servicios ecosistémicos, son fundamentales, pues brindan protección a las costas por marejadas y huracanes y tienen una muy valiosa función como sitios de cría de especies pesqueras importantes de las riberas […] su riesgo actual se da más por la acción humana tanto en los sitios, para abrir desarrollos turísticos o espacios de cultivo, como por la alteración de la hidrología de la parte alta, por cambios de uso de suelo […] pero enfrentarán desaparición con la elevación del nivel del mar, y con pocas oportunidades de desplazarse, pues están restringidos a terrenos con agua salobre, generalmente al borde de esteros y llanuras inundables…”, agrega Jardel.

A su juicio, es necesario entender que “la conservación de las especies arbóreas, en las que Jalisco tiene mucha diversidad, depende de mantener los ecosistemas de los que forman parte; no es posible una conservación exitosa fuera de esos ecosistemas, aunque sean útiles jardines botánicos o parques en las ciudades”.

Se supone que los desiertos tendrán una gran oportunidad con la elevación de las temperaturas. Pero con una flora empobrecida por el intenso tráfico comercial que se hace con cactáceas desde hace décadas, para usos medicinal y ornamental.

Un desierto natural es vida en el límite, con maravillosas adaptaciones evolutivas; mas no lo son esos páramos huérfanos de especies que son los desiertos fabricados por el hombre.

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Guadalajara, ciudad que agrede a su arbolado

La historia del arbolado urbano en Guadalajara está llena de sacrificios en favor del “progreso” y de abiertas agresiones, entre declaraciones sentidas de funcionarios públicos que dicen amar el verdor de parques y fuentes —mientras no se les proponga un gran negocio para la ciudad por cambiarlas a edificación gris—, y una merma constante de ejemplares forestales de gran valor.

Lo cierto es que se ha desdeñado el servicio ambiental que estos espacios y estos individuos procuran a la ciudad, donde una cantidad creciente de automotores aumenta la contaminación, eleva las temperaturas y los niveles de estrés. En ese entorno lleno de cambios, los supervivientes son notables, y deben ser protegidos según la legislación estatal vigente.

La idea es caminar hacia declaraciones de árboles patrimoniales, algo previsto en la legislación estatal. “Árbol patrimonial. Sujeto forestal que contiene relevancia histórica, valor paisajístico, tradicional, etnológico, artístico o monumento natural para la sociedad jalisciense, y en su caso se hubiese declarado por el gobierno correspondiente”, define la norma ambiental estatal NAE-SEMADES-001/2003, “que establece los criterios y especificaciones técnicas bajo las cuales se deberá realizar la poda, el transplante y el derribo del arbolado en zonas urbanas”.

Esta norma está complementada en la NAE-SEMADES-005/2005, “que establece los criterios técnicos ambientales para la selección, planeación, forestación y reforestación de especies arbóreas en zonas urbanas”. Con base en estas consideraciones, el Ayuntamiento de Guadalajara premió por única ocasión, en 2006, a siete ciudadanos que han conservado árboles valiosos. Pero fue un esfuerzo que ya no ha tenido continuidad.

Buena parte de los cercenamientos y las podas descontroladas derivan de una presunta mala selección de individuos forestales. Por ejemplo, los grandes eucaliptos tienen raíces débiles y se caen en las tormentas, pero fueron esenciales para desecar pantanos en el sur de la ciudad donde brotaba la malaria en los años 40 y 50, donde ahora se asientan los parques Agua Azul y González Gallo. Están los grandes laureles de la India, hules, zalates y demás parientes de las higueras, que tienen raíces grandes y retorcidas que rompen pavimentos e incluso líneas de agua y drenaje, pero en su momento fueron plantados porque embellecían el paisaje urbano y propiciaban —sin duda, los que sobreviven lo siguen haciendo— microclimas frescos y arropadores.

Pero la mayor parte de las agresiones derivan de dos problemas muy básicos: las copas de los árboles que crecen sobre la calle y pueden ocupar la servidumbre de las líneas eléctricas, o peor aún, que estorban un fachada o un estacionamiento. Y de plano, ni pedir permiso: de la noche a la mañana “podan” o talan los árboles estorbo.

Es por eso que la ciudad sufre un estrés climático mayor. Pero nadie parece comprenderlo.

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Los homenajeados 2004-2010

• 2004

ABIES RELIGIOSA
Nombre común, oyamel o abeto
Ubicación: parque nacional Nevado de Colima

• 2005
PINUS HARTWEGII
Nombre común: pino de alta montaña
Ubicación: Nevado de Colima

• 2006
ALNUS JORULLENSIS
Nombre común: aile, aliso
Ubicación: Nevado de Colima

• 2007
ABIES RELIGIOSA
Nombre común: oyamel o abeto
Ubicación: parque nacional Nevado de Colima

• 2008
PINUS HARTWEGII
Nombre común: pino de alta montaña
Ubicación: parque nacional Nevado de Colima

• 2009
ALNUS JORULLENSIS
Nombre común: aile, aliso
Ubicación: parque nacional Nevado de Colima

• 2009
TAXODIUM MUCRONATUM
Nombre común: ahuehuete o sabino
Ubicación: La Cañada, Ixtlahuacán de los Membrillos

• 2010
ABIES RELIGIOSA
Nombre común: oyamel o abeto
Ubicación: parque nacional Nevado de Colima

• 2010
QUERCUS CASTANEA
Nombre común: roble o encino
Ubicación: Plan de Milpillas, bosque La Primavera

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