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MANANTLÁN, CENTRO DE ORIGEN DEL MAÍZ

Manantlán, uno de los doce tesoros biogenéticos de Mesoamérica

 

Plan para área libre de

transgénicos tiene 2 años

 

Ocho especies silvestres ligadas al maíz moderno, en zona de influencia de esta reserva; además, ocho especies de frijoles, doce de tomates, dos de calabazas una de papaya y cinco de papas

 

Público. Agustín del Castillo

 

La sierra de Manantlán es uno de los doce sitios privilegiados por su tesoro biogenético en Mesoamérica: alberga una nutrida parentela silvestre del maíz, el frijol, la calabaza, la papa, la papaya y el tomate, plantas que fueron domesticadas en la región hace miles de años. Esta riqueza quedará amenazada si no avanza la declaratoria de “zona libre de organismos genéticamente modificados”, que ya cumple dos años de haberse planteado.

Fue el 17 de febrero de 2006, en una reunión ordinaria de los consejos asesores de esta reserva de la biosfera, cuando se tomó el acuerdo “de solicitar a las instancias gubernamentales correspondientes la declaratoria legal del área protegida ya mencionada y de su región de influencia, como área libre de organismos genéticamente modificados”, señala la propuesta técnica que fue detallada en el Departamento de Ecología y Recursos Naturales del Instituto Manantlán de Ecología y Conservación de la Biodiversidad (Imecbio), de la UdeG, en agosto de ese año.

Los datos inventariados hasta ahora son impresionantes, destaca el documento.

“En la reserva de la biosfera sierra de Manantlán y la región circundante existe una de las mayores concentraciones en el mundo de especies silvestres emparentadas con el maíz cultivado [Zea mays]. En la reserva se encuentran las únicas poblaciones naturales del teocintle o milpilla diploide perenne Zea diploperennis en el mundo, además de poblaciones de otro teocintle, Zea mays subespecie parviglumis que es reconocido como el ancestro directo del maíz […] además, muy cerca del área protegida, en los municipios de Zapotlán el Grande y Venustiano Carranza se localizan las únicas cuatro poblaciones [en el ámbito mundial] del teocintle perenne tetraploide Zea perennis“.

Por si fuera poco, las montañas albergan “poblaciones de Tripsacum dactyloides; T. laxum; T. mayzar; T. pilosum y T. zopilotense, que podrían haber jugado un papel en la evolución del maíz ya que se han obtenido híbridos fértiles en el laboratorio entre Tripsacum dactyloides y Zea diploperennis“.

La región “debe considerarse, por lo tanto, como un centro de origen, evolución y diversificación del maíz, donde la conservación tanto de las variedades criollas o tradicionales de maíz cultivado y de los parientes silvestres del maíz de es de fundamental importancia”. El maíz, que fue domesticado en Mesoamérica, es el segundo cultivo en importancia alimentaria y económica dentro del ámbito mundial

Aparte de esta gramínea, “existen numerosas especies silvestres parientes de plantas domesticadas, de las cuales destacan los frijoles: Phaseolus coccineus L. subespecie coccineus, P. coccineus subespecie formosus P. leucostachyu., P. lunatus L. variedad lunatus, P. lunatus variedad silvester, P. micranthus., P. pauciflorus, P. perplexus y P. vulgaris L.“.

También, doce especies de tomates de cáscara silvestres; cuatro especies de calabazas; una especie silvestre de papaya (Carica papaya), dos especies de aguacates, y cinco especies de papa silvestres.

Todos estos componentes no sólo pudieron tener alguna participación en el proceso de domesticación de las especies modernas, sino que constituyen un reservorio genético para mejorar las razas criollas e incluso una gran tentación para los productores de transgénicos de aprovechar esos genes adaptados a ciertas condiciones naturales, de forma milenaria.

Manantlán también tiene “una gran diversidad de árboles silvestres con potencial para la producción forestal, incluyendo especies, subespecies y variedades raras, endémicas o amenazadas, como es el caso del álamo Populus guzmanantlensis, así como diez especies maderables de pino […] la introducción deliberada o accidental de álamos o pinos transgénicos puede considerarse como un riesgo potencial que afectaría la diversidad genética de las especies, subespecies o variedades locales de los géneros Populus y Pinus“.

Esta riqueza ha hecho que la Sierra de Manantlán sea considerada por la Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza (UICN, por sus siglas en inglés) como uno de los doce sitios prioritarios para la conservación de diversidad genética de plantas en todo Mesoamérica, mientras el programa El hombre y la biosfera (MAB, Man and Biosphere Program) de la Unesco, “considera a la Sierra de Manantlán como zona de importancia global para la conservación por su alta riqueza de especies, el alto número de endemismos, y la presencia de especies amenazadas”.

Esto es lo que está en juego. La Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados, publicada en 2005, prevé las “zonas libres de transgénicos”, precisamente en las áreas naturales protegidas. El trabajo de la declaratoria en Manantlán exige además detallar el inventario, ver el estado de las poblaciones y elaborar una estrategia de trabajo con las comunidades para mantener sus formas tradicionales de cultivos y eso redunde en beneficios en su calidad de vida.
 

La historia

 

La sesión del 17 de febrero de 2006 de los consejos asesores de Jalisco y Colima de la reserva de la biosfera sierra de Manantlán fue donde se acordó caminar hacia una declaratoria de la reserva y su región de influencia como “zona libre de organismos genéticamente modificados”

 

En agosto del mismo año, el Imecbio generó el documento base de la discusión, donde plantea los riesgos de contaminación y pérdida de especies nativas que traería la entrada de transgénicos a la región

 

En septiembre del mismo año se reiteró la petición, y se acordó la realización de talleres en toda la región para generar una declaratoria conforme a la realidad local, que tuviera posibilidad de éxito, basada en la premisa de que los campesinos debían comprender la superioridad de sus especies nativas

 

A dos años, sigue pendiente la declaratoria, que debe impulsar la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas ante la Semarnat

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