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Salud desoyó queja sobre gases tóxicos en el río Santiago

Un médico del IMSS entregó un estudio sobre contaminación por ácido sulfhídrico en El Salto y Juanacatlán: comprobó que provoca enfermedades y que los niños son los más afectados.

La escuela Mártires del Río Blanco está asentada junto al río, y los niños presentan mayores problemas, comparados con una escuela lejana. Foto: Rafael del Río

Vanesa Robles – PÚBLICO

Un médico del IMSS entregó un estudio sobre contaminación por ácido sulfhídrico en El Salto y Juanacatlán: comprobó que provoca enfermedades y que los niños son los más afectados.

Los niños de El Salto y Juanacatlán se envenenan con los gases que flotan sobre su vida cotidiana, cortesía del río Santiago. Pero los afectados dicen que la ceguera afecta a otros: a los responsables de la Secretaría de Salud Jalisco (SSJ), que ignoran las evidencias de la catástrofe ambiental.

En 2005, el galeno de la unidad médica familiar 34 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Francisco Parra Cervantes, intentó una cita con el entonces secretario de Salud, Alfonso Petersen, para mostrarle pruebas de los daños por la contaminación a la salud de los paisanos. Afirma que el servidor no se interesó. Los primeros meses de 2007, el médico regresó con el recién nombrado secretario, Alfonso Gutiérrez. Se interesó: fue a El Salto, se conmovió casi al llanto y prometió que en tres días volvía. No regresó. Quince días más tarde, declaró que los vecinos del río alardean por una “gripa”.

Lo que el secretario no dijo es que la gripa dura todo el año y se puede combinar con dolores intensos de cabeza, irritabilidad, fatiga y conjuntivitis. Algunas se vuelve asma; otras, desmayo; y siempre, siempre, causa daños irreversibles en el cerebro: los efectos clásicos del ácido sulfhídrico (H2S), que pulula sobre El Salto y Juanacatlán.

Lo del H2S está probado. Lo midieron en 2001 Juan Gallardo y Vidal Laure, del Centro de Investigación y Asistencia Tecnológica del Estado de Jalisco. La Agencia para Sustancias Tóxicas y Registro de Enfermedades de Estados Unidos lo define como “un gas incoloro, venenoso e inflamable que huele a huevos podridos”. “El H2S envenena el cerebro y el daño es irreversible”. “Los efectos del H2S son similares a los del cianuro”, son algunas definiciones.

En resumen, el H2S desplaza al oxígeno que se respira, mata las neuronas y puede provocar demencia, resume Francisco Parra.

Los niños están más expuestos, pues el gas pesa más que el aire. Justo eso demostró el médico del IMSS en su investigación “Efectos de la contaminación en la salud de los niños escolares de Juanacatlán y El Salto, estudio entre niños de ocho a once años de edad”.

El estudio se hizo de septiembre de 2005 a junio de 2006, entre 50 niños de la escuela Mártires del Río Blanco, a unos 200 metros de la cascada El Salto de Juanacatlán, y 50 niños de una escuela lejana: 45 por ciento de los primeros presentaron tos constante; 59 por ciento, secreción nasal recurrente; 80 por ciento, irritabilidad (contra 18 por ciento del grupo no expuesto); 51 por ciento, dolores de cabeza; 41 por ciento conjuntivitis; 38 por ciento fatiga; 37 por ciento infecciones respiratorias.

Hace tres semanas se le preguntó al secretario de Salud si tomaría en cuenta el estudio de Francisco Parra: “No lo conozco. [Lo consideraré] si me lo enseñan”, respondió. Existe un video que muestra que el secretario conoció la investigación “y hasta se conmovió”.

“¿Por qué la SSJ tiene esta actitud criminal de solapar esto?”, preguntó en su consultorio del IMSS Francisco Parra. Lo esperaban decenas de pacientes tosigosos: filas de niños pequeños.

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