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Santa Paula contra la influenza: Una lucha desigual

Por Sergio Hernández Márquez

Santa Paula no es una colonia donde el agua sea un bien abundante. De hecho en esta polvorienta zona habitacional de Tonalá, para poder realizar las actividades básicas casi todos roban el líquido de una tubería del SIAPA que pasa por la zona.

Las instrucciones de la Secretaría de Salud para enfrentar la nueva pandemia de gripe, como lavarse las manos a toda hora, sólo pueden acatarse mediante este robo famélico colectivo, que incluye la apropiación de la energía eléctrica porque no ha habido quien asuma el otorgamiento pleno de los servicios públicos esenciales.

Es un mundo bizarro donde ayer jueves 7 de mayo en la calle San Francisco de Asís fue Día del Niño. El 30 de abril la alerta sanitaria estaba en el momento más crítico y los vecinos cancelaron la renta de brincolines, los juegos y la entrega de regalos para los menores de la cuadra.

Pero con los niños hartos de estar en la casa la fiesta no podía esperar más y ayer, pidiéndole a Dios que no haya algún contagio, los vecinos armaron la celebración en plena calle, con un par de brincolines y tres pequeñas albercas inflables que albergaban muchos pequeños y poca agua.

“Nos decidimos a hacer la fiesta porque dijimos ‘no es un lugar cerrado’ y pues también porque ya se había suspendido en la escuela la fiesta del Día del Niño”, justificaba una de las organizadoras, la señora María Guadalupe Ángel Sanromán.

Por la mañana, muy temprano, se levantó para ir a la primaria de la colonia, donde ni siquiera 10 padres de familia hicieron caso al llamado de ir desinfectar el plantel, al que acuden alrededor de 550 niños, tan sólo en el turno matutino.

Las pocas mujeres que llegaron sostenían todas un trapo húmedo con el que limpiaba cada mesabanco de los salones de clase que son 13.

“Los padres de familia no vienen a ayudar porque no tienen conciencia de la gravedad. Me conformo con ver a unos 20”, decía Alejandra Gallardo Díaz, en un entorno de trabajo con evidente olor a cloro.

“Y pues estamos todavía esperando que la Secretaría de Educación mande el cloro y el jabón”. El material lo tuvieron que comprar con el dinero que ponen para los gastos del comité de padres de familia.

En una colonia donde el agua es escasa, y ante la epidemia de gripe a H1N1, es una bendición que la escuela se caracterice por ser uno de los pocos sitios donde el líquido llega de manera directa, sin problemas de abastecimiento, para que los niños se laven las manos cuantas veces sea necesario.

La restricción dictada por la Secretaría de Salud para mantener una distancia prudente en los lugares de concentración de personas es seguro que no se cumplirá en el plantel y es algo que les preocupa a las madres de familia ya que hay salones, como el Segundo B del turno matutino, donde se tienen por lo menos 50 niños en el grupo.

“Ni modo que vengan a clases unos sí y otros no”, señalaba una mujer.

La crisis de salud pública trajo otros problemas a vecinos de Santa Paula. En el Centro de Salud fueron canceladas las citas que tenían al menos 293 beneficiarios del Programa Oportunidades, quienes reciben talleres de cómo tener una mejor higiene y una mejor alimentación.



“Corren más riesgo estando aquí que fuera de la unidad por eso mejor que vengan cuando pase la contingencia”, señala Martha Alicia Ortiz, una de las trabajadoras sociales del Programa Oportunidades.

En Santa Paula el usar cubrebocas les ha hecho bien no sólo para protegerse del nuevo virus de gripe que ronda el mundo sino también para evitar el polvo de las calles que esperan un día ser pavimentadas para bajar la incidencia de las enfermedades en ojos y pulmones, que acá nunca se extrañan.

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